Fundación CYD | El Informe CYD 2025 presenta los Indicadores CYD de Eficiencia global del SUE, un sistema innovador que mide el desempeño del Sistema Universitario Español y su evolución  - Fundación CYD

El Informe CYD 2025 presenta los Indicadores CYD de Eficiencia global del SUE, un sistema innovador que mide el desempeño del Sistema Universitario Español y su evolución 

La Fundación CYD presenta el Informe CYD 2025, una nueva edición del informe de referencia de la universidad en España, que analiza la evolución del sistema universitario español en sus ámbitos clave: gobernanza, financiación, talento, impacto científico y social, empleabilidad, internacionalización y equidad.  

La nueva edición da un paso más e innova en su análisis, estrenando un nuevo marco analítico de indicadores sobre la eficiencia del sistema universitario: los Indicadores CYD de Eficiencia global del SUE, que permiten comprender con mayor precisión la evolución del sistema entre los cursos 2020-2021 y 2023-2024, y cómo las universidades gestionan el talento, transforman sus recursos en resultados para la sociedad y se adaptan a los desafíos globales de la educación superior. 

La monografía del Informe CYD se concentra este año en el liderazgo y la política universitaria. Ante el impacto de la digitalización, la inteligencia artificial y la pérdida del monopolio del conocimiento, destaca la necesidad de un liderazgo universitario más abierto, comprometido y capaz de anticipar cambios para mantener la relevancia social de la universidad. 

Diez claves del Informe CYD 2025: 

• El gasto público universitario alcanzó el 0,75% del PIB en el año 2022, todavía lejos del 1% fijado por la LOSU, pese a la mejora registrada en los últimos años (2015: 0,69%). 

No se recupera la financiación de las universidades públicas presenciales de 2009, en 2023 los presupuestos seguían siendo un 10% inferiores en términos reales.  

Expansión y crecimiento de la inversión en I+D (1,49% sobre el PIB en 2023). 

• La transferencia de conocimiento es la función que más progresa, con un crecimiento del 44,33% entre el curso 2020-2021 y 2023-2024, impulsado por el fuerte aumento de la colaboración entre universidades y actores no académicos. 

• La gestión del talento mejora un 10,43% respecto al curso 2020-2021, especialmente gracias al avance en estabilidad contractual y a los progresos en equidad de género en las plantillas. 

La empleabilidad mantiene su fortaleza, con un aumento significativo de los contratos indefinidos entre titulados universitarios.

Mucho margen de mejora en la internacionalización de las universidades, que continúa siendo una de las principales debilidades del sistema, con un descenso del 9,57% en su eficiencia. 

• La equidad se consolida como una de las funciones más sólidas, con un notable incremento en el peso relativo que supone en la eficiencia el porcentaje de mujeres graduadas (+31,40%). 

La eficiencia global del sistema universitario, según nuestro nuevo sistema de indicadores, se sitúa en 57,58 puntos sobre 100, con una mejora del 3,87% en los últimos cuatro años.

• El Informe subraya la necesidad de mejorar la gobernanza universitaria como condición indispensable para impulsar reformas, mejorar la autonomía y fortalecer la rendición de cuentas. 

Financiación: el gasto público universitario sobre el PIB es inferior al 1%

La gobernanza y la capacidad de financiación son pilares fundamentales del sistema universitario y determinan cómo los recursos se canalizan hacia las diferentes funciones académicas, científicas y de transferencia, incidiendo de forma directa en la calidad y el alcance de los resultados del sistema. Los datos de 2023 muestran un avance sostenido en la inversión en I+D, con 22.379 millones de euros (1,49% del PIB), encadenando nueve años de crecimiento ininterrumpido. Sin embargo, España continúa por debajo de la media del contexto internacional. 

La inversión por estudiante universitario en España también continua por debajo de los referentes internacionales: en 2022 fue de 18.369 dólares por alumno, inferior a la media de la UE y al promedio de la OCDE. La aportación pública, aunque mayoritaria (65,9%), también resulta inferior a la de estos países; pese a ello, se observa una ligera mejora en el peso del gasto público universitario sobre el PIB (pasó del 0,69% en 2015 al 0,75% en 2022), aún lejos del objetivo del 1% establecido por la LOSU. La recuperación aún no ha compensado plenamente el fuerte impacto de los recortes presupuestarios derivados de la crisis de la deuda soberana de principios de la década pasada. En 2023, los niveles de financiación seguían siendo alrededor de un 10% inferiores a los de 2009, en términos reales, una vez descontada la inflación.

Eficiencia global del sistema universitario: 57,58 puntos sobre 100

La gobernanza y la capacidad de financiación son pilares fundamentales del sistema universitario. Permiten dotar a las universidades de las estructuras y herramientas necesarias y de la capacidad económica imprescindible para garantizar su funcionamiento. Por este motivo, el análisis de la eficiencia global del sistema universitario español es clave para comprender hasta qué punto la gobernanza y la financiación se traducen en resultados tangibles.  

El análisis de la eficiencia global evalúa la capacidad del sistema para transformar los recursos disponibles en resultados en cinco funciones estratégicas (gestión del talento, transferencia de conocimiento, empleabilidad, internacionalización y equidad). Inicialmente, el nivel de eficiencia de cada función se ha medido en una escala de 0 (totalmente ineficiente) a 1 (totalmente eficiente); para facilitar la interpretación de los resultados se ha representado en una escala de 100 puntos. Según explica Sònia Martínez Vivas, directora de la Fundación CYD:  

“Los Indicadores CYD aportan una concepción amplia e integradora de la eficiencia, entendida como la capacidad del sistema universitario para cumplir de manera equilibrada sus múltiples misiones: formar personas, generar conocimiento, transferirlo a la sociedad y contribuir al desarrollo económico, cultural y social. Con una estructura analítica nueva, permiten visualizar la universidad como un sistema interconectado, donde los cambios en un ámbito también repercuten en los demás”.

Considerando el conjunto de las funciones analizadas, la eficiencia global en el curso 2023-2024 es de 57,58 puntos sobre 100. 

Para cada una de las funciones analizadas, el indicador compuesto se ha construido a partir de un conjunto de variables seleccionadas por su relevancia y validez analítica, empleando el método de agregación del “beneficio de la duda” (BOD), que tiene en cuenta la diversidad del SUE y permite que cada universidad asigne el peso a sus propios indicadores.

Crecimiento sostenido de un 3,87% en los últimos años 

Los indicadores CYD muestran la evolución de la eficiencia global de la universidad en su conjunto y para cada una de las cinco funciones estratégicas, entre los cursos 2020-2021 y 2023- 2024, y ponen en evidencia un crecimiento moderado del 3,87%, que señala una tendencia sostenida de mejora en el desempeño medio del sistema.  

La universidad española destaca por su eficiencia en las funciones de equidad y empleabilidad y manifiesta notables avances en transferencia de conocimiento y gestión del talento, tal y como subraya Ángela Mediavilla, responsable del gabinete técnico de la Fundación CYD: 

“El Informe CYD 2025 confirma avances significativos en la eficiencia del sistema universitario español en los últimos cuatro años. Las funciones de equidad y empleabilidad se sitúan, con diferencia, por encima del resto y registran leves variaciones, y la transferencia de conocimiento mejora notablemente gracias al esfuerzo por vincularse al entorno socioeconómico”. 

Las cinco prioridades estratégicas se han articulado en tres ejes principales de actuación universitaria: gestión del talento; impacto social, económico y científico; y adaptación a los desafíos globales de la educación superior.

Gestión del talento: más estabilidad y equidad de género

El porcentaje de mujeres en el PDI (42,84%) y PDI permanente (42,64%) son los principales pilares que sustentan esta función, cuya mejora (+10,43%) entre los dos periodos analizados se está logrando a través del refuerzo de la estabilidad y equidad de género en las plantillas. 

La gestión del talento mejora gracias a una mayor estabilidad de las plantillas y al refuerzo de la equidad de género. Sin embargo, la persistente falta de renovación del PDI estable y la limitada autonomía universitaria en la gestión de personal continúan siendo las principales barreras para asegurar un relevo generacional eficaz y sostenible a medio plazo.

Mayor impacto en la sociedad: transferencia de conocimiento y empleabilidad

Entre los cursos 2020-2021 y 2023-2024 se pone de manifiesto un avance notable en la función de transferencia de conocimiento (+44,33%) que evidencia el paso de una producción científica centrada en el volumen, a una investigación más orientada al impacto social y económico. Cabe destacar el crecimiento en la colaboración con actores no universitarios (+106,9%) y la caída de mecanismos clásicos de transferencia formalizada como las patentes, licencias y spin-offs (-20,3%) y contratos de I+D (-38%).

La empleabilidad es una de las funciones más sólidas del sistema, con valores de eficiencia elevados, con 82,76 puntos sobre 100, y que está experimentado un cambio cualitativo: del énfasis salarial a la estabilidad y dedicación completa al empleo, en línea con los objetivos impulsados por la reforma laboral de 2021. En los titulados de grado, el peso relativo del porcentaje de egresados con contrato indefinido se duplica (+103%), y el de afiliados a jornada completa crece un 36%.

Estrategias para afrontar retos globales de la educación superior: internacionalización y equidad 

Entre 2020-2021 y 2023-2024, el índice de internacionalización descendió un 9,57%, lo que confirma que la internacionalización sigue siendo una de las principales debilidades estructurales del sistema universitario español. La movilidad de estudiantes sigue concentrada en estancias cortas y se observa un aumento del personal extranjero (+11,2%), aunque su presencia solo supone un 3,3% sobre el PDI total.

La eficiencia en equidad se sitúa en 84,51 puntos sobre 100, y el componente que adquiere más peso es el porcentaje de mujeres graduadas, que crece de forma destacada (+31,40%). Este avance muestra que las universidades están priorizando asegurar el éxito académico de los estudiantes. En el otro extremo, cae de forma significativa (-18,24%) la importancia del indicador que mide el porcentaje de mujeres en el PDI.

Los Indicadores CYD confirman avances significativos en la eficiencia del SUE en los últimos cuatro años analizados, pero dejan entrever que aún persisten retos estructurales cuya solución pasa por mejorar el reto de la gobernanza, tal y como concluye Sònia Martínez Vivas:

“Impulsar los cambios necesarios en el SUE requiere un liderazgo eficaz y abordar el reto de la gobernanza, que precisa una mayor autonomía universitaria y una rendición de cuentas rigurosa, modernizar la selección y promoción del personal y otorgar a los equipos de gobierno una mayor capacidad ejecutiva, entre otros aspectos”. 

El Informe CYD 2025 pone de manifiesto que solo con una gobernanza sólida las universidades podrán alinear su oferta académica e investigadora con las necesidades del país, ser referentes de innovación y recuperar la confianza social como motor de progreso.

Metodología: sistema innovador que ayuda al análisis y a la reflexión

Los Indicadores CYD han empleado el método de agregación del ‘beneficio de la duda’ (BOD), basado en modelos de programación lineal inspirados en el análisis envolvente de datos (DEA), para generar un indicador compuesto que permita analizar el nivel de eficiencia entre las universidades estudiadas. Tal y como subraya Jasmina Berbegal, autora del Informe CYD:

“El propósito del estudio de indicadores no es únicamente medir o clasificar, sino convertir los resultados en herramientas de reflexión y decisión. El análisis que aquí se presenta traduce indicadores complejos en información accesible y accionable, contribuyendo a que las universidades dispongan de instrumentos objetivos para el autodiagnóstico y la planificación estratégica”.  

Los Indicadores CYD aplican el modelo BOD de forma innovadora y estratégica, ya que, en lugar de buscar una única ponderación o fórmula uniforme para todas las universidades, permiten asignar pesos específicos según el perfil de cada institución y su contexto. De esta forma, se reconoce la heterogeneidad del SUE y se evitan comparaciones injustas o simplificadas, ya que cada universidad es evaluada según su propio patrón de fortalezas y prioridades, sin imponer una estructura común que favorezca a unas sobre otras. 

Este planteamiento metodológico contribuye a una lectura más realista y matizada del sistema, capturando la diversidad institucional como una fuente de riqueza y no como una desviación. Además, el modelo produce resultados fácilmente interpretables, lo que facilita su uso práctico por parte de gestores y responsables de política universitaria, ampliando su valor más allá del ámbito académico. 




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